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Salud

Por qué hay que esperar 30 minutos después de comer para cepillarse los dientes

Cepillarse al menos dos veces al día y durante dos minutos previene las caries y la enfermedad periodontal

Por qué hay que esperar 30 minutos después de comer para cepillarse

Por ED                                                                                    

/ Foto GTRES                                                                       

Lavarse los dientes después de cada comida es como un mantra que desde hace años los dentistas han inculcado en los pacientes. Según el Consejo Dentistas, cepillarse los dientes es un hábito indispensable para prevenir las dos patologías más frecuentes bucodentales: la caries y la enfermedad periodontal (piorrea).

Los expertos aseguran que se puede conseguir un adecuado control de las bacterias orales mediante, al menos, dos cepillados diarios (idealmente tres) de los cuales, uno necesariamente tiene que ser nocturno y siempre con pasta dentífrica con flúor.

También es algo sabido que hay que emplear en el cepillado, al menos dos minutos, 30 segundos por cada cuadrante de la boca. Todo ello sin descuidar la limpieza de la lengua para eliminar las bacterias y las células muertas y prevenir las enfermedades y el mal aliento (halitosis). Sin embargo, hay un factor que puede influir en el resultado final y este es el tiempo que hay que esperar entre la comida y el cepillado.

POR QUÉ ESPERAR

Los odontólogos afirman que no se debe realizar nada más terminar de comer sino esperar entre 20 y 30 minutos. El Dr. Javier Morillo explica que «el proceso digestivo comienza en la boca, por lo que, cuando comemos, el pH de esta parte de nuestro cuerpo disminuye, según un artículo de Paloma Santamaría publico en El Debate.

Es en este momento cuando los ácidos reinan la boca y acampan a sus anchas –ya sabemos lo peligrosos que resultan para el esmalte de nuestros dientes–» y añade: « Es precisamente por esto que debemos esperar un ratito tras comer: por los ácidos. Si nos lavamos los dientes justo al acabar de comer, estaremos repartiendo esta sustancia por nuestras piezas dentales, frotándola y haciendo que estos se debiliten».

Salud

Por qué puede ser malo pasarse con la vitamina B3

El hígado, las carnes y pescados, los huevos y lácteos, las nueces, los cereales (sobre todo trigo) y la levadura de cerveza son los alimentos que la contienen en mayores cantidades, pero esto no significa que debamos reducir su consumo

El hígado, las carnes y pescados, los huevos y lácteos, las nueces, los cereales (sobre todo trigo) y la levadura de cerveza son los alimentos que la contienen en mayores cantidades, pero esto no significa que debamos reducir su consumo

Por NM lavanguardia.com

/ Foto Getty ImagesiStockphoto

Un elevado consumo de vitamina B3, también conocida como niacina, podría ser un factor de riesgo cardiovascular. Así lo defiende un nuevo estudio publicado en Nature Medicine, que desmiente la creencia generalizada de que este micronutriente tiene un efecto cardioprotector.

Explica la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en un informe que niacina es un término genérico que engloba el ácido nicotínico y la nicotinamida, ambos pertenecientes al grupo de las vitaminas B. El cuerpo puede producir esta sustancia pero también obtenerla de ciertos alimentos.

La niacina interviene en las reacciones de oxidorreducción, así como en los procesos catabólicos y anabólicos, explican desde este organismo. Igualmente, participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, proteínas y grasas. Es una vitamina hidrosoluble, es decir, se expulsa disuelta en la orina y no es habitual que se acumule en concentraciones tóxicas.

La ingesta de referencia diaria (IDR) para la población sana está en 16 mg. El nivel máximo de ingesta tolerable diaria está identificado para dos sustancias: en el caso del ácido nicotínico va de 4 mg/día en niños de 7 a 10 años hasta 10 mg/día en adultos; y para la nicotinamida, la ingesta máxima es de 350 mg/día en niños de 7-10 años y de 900 mg/día en adultos.

El hígado, las carnes y pescados, los huevos y lácteos, las nueces, los cereales (sobre todo trigo) y la levadura de cerveza son los alimentos que la contienen en mayores cantidades, pero esto no significa que debamos reducir su consumo.

La OCU señala que hay que ser cautos a la hora de recetar suplementación dietética con vitaminas, minerales y otros oligoelementos, excepto cuando la evidencia científica sea clara (con la B12, por ejemplo) o exista un déficit. Aunque estos productos se venden sin receta, no está aconsejado suplementarse sin consultarlo antes con el médico.

Tomar un exceso de suplementos puede tener consecuencias para la salud, advierte el organismo. «El exceso de vitamina D, una vitamina liposoluble que se acumula con facilidad en nuestras reservas grasas y en el hígado, puede acabar produciendo náuseas, vómitos, diarrea, dolores, cansancio y alteraciones renales. Y el de vitamina A, puede dar lugar a náuseas, dolores de cabeza, sequedad de la piel, debilidad del cabello, cansancio y, en casos extremos, daño hepático. Incluso se ha relacionado con mayor riesgo de fracturas, de algunos tipos de cáncer y posibles daños en el feto».

La realidad es, no obstante, que el 75,1% de los españoles consume algún tipo de suplemento alimenticio, según el informe Uso de suplementos nutricionales en la población española. Los datos confirman que existe un mercado creciente de suplementos alimenticios en España, el tercer país del mundo que más los consume por debajo de Estados Unidos y Dinamarca, afirma este reportaje.

Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), «los complementos alimenticios no pueden sustituir una dieta equilibrada. Una dieta variada rica en frutas y verduras puede aportar todos los nutrientes (vitaminas y minerales) que necesitamos».

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Salud

Alimentos ultraprocesados están vinculados al aumento de ansiedad y depresión

Un informe publicado en 2023 reveló que un 17 % de los jóvenes universitarios españoles tomaban medicamentos para paliar la ansiedad o los síntomas depresivos que sufrían

 Por Onda Cero The Conversation – Edwin Fernández Cruz

/ Foto Onda Cero

En los últimos años ha aumentado la visibilidad de los trastornos mentales como la ansiedad o la depresión en los medios de comunicación. Por ejemplo, un informe publicado en 2023 reveló que un 17 % de los jóvenes universitarios españoles tomaban medicamentos para paliar la ansiedad o los síntomas depresivos que sufrían.

Está claro que el miedo, la incertidumbre y la saturación provocada en los centros de salud y hospitales por la pandemia del covid-19 causó estragos. En estos casos, se identifica claramente la causa que puede desencadenarlo. Pero ¿y si le dijese que la alimentación también puede tener relación con el aumento estas patologías?

UN ARSENAL DE PRUEBAS

A raíz del surgimiento de movimientos como el realfooding o las dietas basadas en vegetales (veganismo, flexitarianismo, etc.), la reputación de los productos ultraprocesados ha caído en picado. Y uno de los últimos argumentos para reducir su consumo son las numerosas evidencias que sugieren una conexión entre su ingesta excesiva y la aparición de problemas mentales.

Esta es, por ejemplo, la conclusión de una revisión reciente de investigaciones, que vinculó el consumo elevado de esos alimentos y el riesgo de padecer síntomas relacionados con trastornos depresivos o de ansiedad, aunque aún no se sabe a ciencia cierta por qué ocurre.

Las pruebas son abrumadoras. Si examinamos los análisis uno por uno nos llamará la atención, por ejemplo, un trabajo realizado en Corea del Sur que revelaba una probabilidad 1,4 veces mayor de padecer depresión si mediaba una dieta generosa en ultraprocesados, con mayores efectos entre las mujeres.

Otra investigación llevada a cabo en Estados Unidos arrojaba datos similares: la población que realizaba menos ejercicio y comía habitualmente este tipo de productos también era más propensa a desarrollar ese trastorno.

Los resultados del estudio SUN Project, que examinaba los efectos en jóvenes universitarios del ámbito mediterráneo, fueron incluso más preocupantes, dada la edad de los participantes. Y, por último, el seguimiento a personas sin síntomas depresivos previos durante más de cinco años en Francia vinculó un incremento en su aparición al consumo de bebidas, salsas y productos con grasas añadidas. De hecho, las bebidas con edulcorantes artificiales parecen estar relacionadas con un posible desencadenamiento de la depresión.

LA MICROBIOTA ENTRA EN ESCENA

La dieta, la actividad física, la edad y el género son factores a tener en cuenta, pero muchos trabajos han puesto de manifiesto el papel protagonista de la microbiota intestinal en esta conexión.

Los microorganismos que habitan nuestro sistema digestivo se distribuyen en filos, que a su vez se componen de diversos géneros. Los filos más abundantes son Firmicutes y Bacteroidetes, pero hay otros importantes como Actinobacterias, Fusobacterias, Proteobacterias y Verrucomicrobia. Dentro de los numerosos géneros, el más conocido es el Bifidobacterium.

Pues bien, se ha comprobado tanto en estudios con animales como en humanos que el número de bacterias Firmicutes disminuye en los cuadros de ansiedad, mientras que prolifera la población de Bacteridetes y Fusobacterias. En el contexto de la depresión, Prevotella, Klebsiella y Clostridium son los géneros más asociados con la microbiota intestinal.

Idealmente, la microbiota debería disfrutar de una proporción equilibrada de filos y géneros, lo que se conoce como eubiosis. Cuando se rompe la armonía, aparece el efecto contrario: la disbiosis, relacionada no solo con la depresión o la ansiedad, sino con un buen número de patologías crónicas. Por ejemplo, géneros que pueden considerarse como proinflamatorios se encuentran en mayor medida en individuos con estados depresivos o ansiosos.

Además, el 90 % de la serotonina del organismo es generada por la microbiota, circunstancia que juega un papel importante en la regulación del denominado eje intestino-cerebro.

DIETA SALUDABLE PARA RECUPERAR LA ARMONÍA BACTERIANA

Si queremos revertir la disbiosis, una de las opciones es recurrir a los probióticos, aunque cambiar los hábitos alimenticios parece arrojar mejores resultados. Esto se debe a que la microbiota obtiene gran parte de su energía a través de la dieta, por lo que una modificación en la ingesta tiene un efecto directo en la proporción de filos y géneros.

En este sentido, patrones dietéticos occidentalizados –caracterizados por la abundancia de alimentos de origen animal, el abuso de ultraprocesados y las técnicas culinarias poco saludables– se asocian a unos niveles mayores de ansiedad y depresión, en contraposición con dietas como la mediterránea, la nórdica o la japonesa.

Una ingesta elevada de ácidos grasos poliinsaturados procedentes del pescado, las frutas, las verduras, los cereales integrales y los alimentos fermentados podría favorecer un estado de eubiosis.

Aunque la ansiedad y la depresión tengan múltiples causas, está claro que el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados podría incrementar el riesgo de padecerlos o empeorar sus síntomas, publicó The Conversation, replicado por Onda Cero.

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Salud

Zumo de tomate, antibiótico natural contra bacterias intestinales

Los investigadores comprobaron en laboratorio si el zumo de tomate realmente mataba a la Salmonella Typhi

Zumo de tomate, antibiótico natural contra bacterias intestinales

Por Paloma Santamaría eldebate.com

/ Foto ED

Desde hace décadas, diferentes estudios han mostrado que el consumo de tomate puede prevenir el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y cerebros vasculares así como ciertos tipos de cáncer, según una publicación de El Debate.

Ahora, una nueva investigación publicada en Microbiology Spectrum acaba de comprobar que el zumo de tomate puede matar la Salmonella Typhi y otras bacterias que pueden dañar la salud del tracto digestivo y urinario de las personas.

La salmonella es una enfermedad bacteriana común que afecta el tubo intestinal y cuya infección suele ser producto de la ingesta de carne, carne de aves, huevos o productos a base de huevos crudos o poco cocidos, o de leche no pasteurizada.

El investigador principal del estudio, Jeongmin Song, profesor de la Universidad de Cornell explica: «Nuestro objetivo principal en este estudio fue descubrir si el tomate y el jugo de tomate pueden matar los patógenos entéricos, incluida la Salmonella Typhi, y, de ser así, qué cualidades tienen para que funcionen».

Los investigadores comprobaron en laboratorio si el zumo de tomate realmente mataba a la Salmonella Typhi. Una vez que se aseguraron de que así era, el equipo examinó el genoma del tomate para encontrar los péptidos antimicrobianos involucrados, proteínas muy pequeñas que dañan la membrana bacteriana que los mantiene como organismos intactos.

Los investigadores eligieron cuatro posibles péptidos antimicrobianos y probaron qué tan bien funcionaban contra Salmonella Typhi. Esto les ayudó a encontrar dos péptidos antimicrobianos eficaces.

El descubrimiento más significativo es que el jugo de tomate es eficaz para eliminar Salmonella Typhi, sus variantes hipervirulentas y otras bacterias que pueden dañar la salud del tracto digestivo y urinario de las personas. En particular, dos péptidos antimicrobianos pueden eliminar estos patógenos al dañar la membrana bacteriana, una capa protectora que rodea al patógeno.

«Nuestra investigación muestra que el tomate y el jugo de tomate pueden eliminar bacterias entéricas como la Salmonella », dijo Song en un comunicado. Los investigadores dijeron que esperan que cuando el público en general, en particular los niños y adolescentes, conozcan los resultados del estudio, quieran comer y beber más tomates, así como otras frutas y verduras, porque proporcionan beneficios antibacterianos naturales a los consumidores.

COMPONENTES

Según la Fundación Española de la Nutrición, el tomate está compuesto principalmente por agua y su macronutriente mayoritario son los hidratos de carbono. Entre las vitaminas, cabe destacar el contenido en vitamina A, básicamente en forma de carotenoides provitamina A y vitamina C. Una ración de tomate cubre el 61 % de las ingestas recomendadas de vitamina C.

Entre los carotenoides no provitamina A, están los licopenos cuya cantidad depende de la variedad cultivada (mucho mayor en los de «tipo pera»), del grado de madurez (mayor en los maduros) y del modo de cultivo y forma de maduración (superior en los cultivados al aire libre y madurados en la planta). El tomate triturado o cocinado y su combinación con aceite, mejora la absorción del licopeno en el organismo.

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