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Cultura

Exhuman el cadáver de Canserbero para esclarecer su muerte en 2015

Con esto, el ente fiscal espera obtener nuevos «datos criminalísticos relevantes para el esclarecimiento de este hecho»

Por EFE-ÉP                                                                            

/ Foto MP

El fiscal general, Tarek William Saab, anunció este jueves la exhumación del cadáver del cantante de rap y hip-hop Tyrone González, conocido como Canserbero, para el «esclarecimiento» de su muerte en 2015, que medios locales atribuyeron entonces a un suicidio.

Señaló que, «actualmente, la Fiscalía 85 Nacional», junto con patólogos forenses y auxiliares de medicina, se encuentran «practicando en el cementerio metropolitano del estado Aragua la exhumación del cadáver».

Con esto, el ente fiscal espera obtener nuevos «datos criminalísticos relevantes para el esclarecimiento de este hecho».

Además, Saab aseguró que está previsto realizar una autopsia psiquiátrica ‘post mortem’ de González, así como del también músico Carlos Molnar, quien fue encontrado muerto en su apartamento, donde también estaba Canserbero.

El fiscal indicó que, en esta autopsia, se espera que los expertos aborden «el entorno tanto familiar como (de) amistades cercanas de ambos».

Cultura

Museo de Arte de Valencia presentará obra “Los Monólogos de Gaza”

De acuerdo con los organizadores de la obra, la lectura dramatizada se basa en los textos originales de Asthar Theatre desde Palestina y recopilan múltiples testimonios de niños y jóvenes en Gaza

Por Wendy Rengifo ÉP

/ Foto Cortesía

Por primera vez se presentará en Venezuela Los Monólogos de Gaza, a cargo de Raccconto Teatro y el Movimiento Venezolano de Solidaridad con Palestina Al Awda, bajo la dirección de Jhoham Gil.

La actividad se desarrollará en el Museo de Arte de Valencia (Muva), en el estado Carabobo, el próximo primero de marzo a las 6 de la tarde y tiene un costo de 2, 5 dólares por entrada. El evento, según sus organizadores, tiene por objeto apoyar y enviar ayuda humanitaria para las víctimas, “así como conocer el impacto del crimen permanente contra los palestinos”.

La lectura dramatizada se basa en los textos originales de Asthar Theatre desde Palestina y recopilan múltiples testimonios de niños y jóvenes en Gaza, lo cual se encuentra traducido a 18 idiomas e interpretados en más de 40 países.

Los encargados del acto, invitan a todos los carabobeños a fin de que puedan apreciar la gastronomía típica, “además de disfrutar de un bazar solidario propio de la cultura, la lucha e  historia por la paz y la libertad del pueblo palestino”.

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Cultura

El ejemplo que el Mahatma dio

Lo que quería recalcar era que con acciones tan sencillas como el abandono de ciertas costumbres, un paro civil

Por Victorino Muñoz

/ Foto Squire

Según las biografías más aceptadas, Mohandas Gandhi, mejor conocido como Mahatma (alma grande), aprendió desde muy temprana edad a respetar a los demás seres vivos de este planeta y a ser tolerante con otros credos religiosos. Esta es la primera condición, pienso yo, que debe mostrar todo aquel que piense en liderar a su pueblo; porque si no respeta a los otros, ni los valora, ¿para qué quiere liderarlos? ¿A qué mundo los va a conducir? ¿A uno peor que éste? Estas serían unas muy buenas preguntas que habría que hacerles a unos cuantos de esos charlatanes de la política venezolana.

Por otra parte, se nos cuenta, en esas mismas biografías, que Gandhi era un lector y que las ideas que le inspiraron para llevar a cabo su gesta tenían diversos orígenes, en cuanto a culturas, idiomas, tendencias religiosas y de pensamiento: el Bhagavad-guita,  Tolstoi, Thoreau, Cristo y creo que hasta Marx. (No se preocupen, líderes venezolanos; no les voy a preguntar cuáles son sus lecturas.) Lo más importante que quiero destacar aquí no es que fuera un lector, sino que no discriminaba entre ideas, por el origen o la cultura, es decir, no procedía como algunos necios que dicen: “esto de aquí no lo leo, no lo veo, no lo escucho, porque viene de…” Si se es tolerante, también se debe y se puede ser conocedor de todo, hasta de aquello que es distinto, y de todo sacar un provecho.

Otra cualidad que podemos destacar de Gandhi, aparte de su conocida vocación al pacifismo, es la paciencia: Gandhi regresó a la India hacia 1915 y entra en contacto con los movimientos pro-independentistas, comenzando poco después su activismo; pasarían cerca de treinta años, hasta que se consolida la independencia de la India. Sin embargo, no abandonó su método de lucha, que abogaba por la no violencia, para cambiar a otro tipo de acciones (aunque en nuestros países más bien es al revés: se comienza con extremismos y violencia para caer en una total inacción). Mahatma se mantuvo y esperó pacientemente, siguiendo, casi tercamente, el camino que se había propuesto, sin decaer ni caer en contradicciones, sin buscar atajos ni alianzas, mucho menos aquel tipo de alianzas que le favorecieran, en el sentido de ganar u obtener mayor poder.

Con respecto a las acciones y métodos de lucha de Gandhi, son muy recordadas sus huelgas de hambre (alguien me diría que aquí no tiene mérito ponerse en huelga cuando todos pasan hambre, pero sepan que en la India ocurría lo mismo; ahora, lo que yo no me imagino es a ciertos dirigentes gorditos haciendo esta clase de esfuerzos); y aún otras más, como el boicot al uso de las telas producidas por los invasores ingleses y la quema simbólica de las prendas hechas con dichas telas, así como el llamado a huelga general, acciones con las cuales Gandhi golpeó a los ingleses en un sitio donde les dolía: en la economía. Lo más interesante de esto es que se radicalizó, pero sin violencia, la actitud de no colaborar, de ninguna manera, con aquel que nos sojuzga.

Usando medios pacíficos, poco ortodoxos y poco costosos, comenzó un día su andar (no tuvo que esperar que llegara eso que llaman el momento; el momento supongo que lo decide uno). Gandhi se enfrentó con un verdadero imperio, que había ocupado su país prácticamente desde principios del siglo XVIII, con la presencia de la Compañía Británica de las Indias Orientales; aunque se habla de colonialización propiamente desde mediados del siglo XIX. Y así las cosas, un día el imperio se cansó de Gandhi y les concedió la independencia. Algunos, por restarle mérito, dicen que fue porque les resultaba muy caro a los ingleses seguir allí; pero Gandhi colaboró para que eso fuera así.

En fin, lo que quería recalcar era que con acciones tan sencillas como el abandono de ciertas costumbres, un paro civil, pueden lograrse a la larga muchas cosas, sin necesidad de salir a matar a todos, como consideran algunos radicales que es la única manera de acabar con nuestros problemas. Yo sospecho que estos radicales no saben ni manejar un arma, ni un país. Lo más seguro es que les sucedería, de llegar al poder, como a aquel personaje de Otero Silva: Sebastián, el de Casas Muertas, que se soñaba entrando victorioso, a caballo, en la capital; y cuando venía la parte de qué hacer con el país que había liberado, se le acababa el sueño.

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Cultura

Breve historia de las instituciones democráticas

Así llegamos a nuestro tiempo, cuando nuevamente encontramos instituciones democráticas que, lejos de ser defensoras del pueblo, son defensoras del déspota

Por Victorino Muñoz

/ Foto Laboratorio 717

Aunque la vida humana comenzó, quizás, cientos de miles de años antes, las ciudades nacieron, presumiblemente, hace sólo unos 7500, en el territorio que según nos enseñaron en la escuela se llamaba Mesopotamia. Se les atribuye, por lo tanto, a los sumerios ser pioneros en esta forma de organización, si es que puede llamárseles así, dado que algunas no son precisamente organizadas (sin aludir personalmente a la capital de este país). Con todo, el vivir en ciudades demandó, de parte de sus habitantes, la existencia de mecanismos para tratar de ponerse de acuerdo en eso de tomar las decisiones, en función, sino de todos, por lo menos de una mayoría (aunque esto a veces sólo significa una minoría: la que detenta el poder).

En un principio, durante mucho tiempo, o aún ahora, muchas ciudades y estados han tenido un soberano: una persona investida de un poder especial, atribuido a menudo por influencia (o injerencia) divina, o por otro que está más arriba (también con influencia divina); alguien que toma las decisiones, llámese príncipe, rey, emperador, señor feudal, hasta sacerdotes de alguna religión. Pero en otras ocasiones, han sido grupos los que gobiernan, organizados en algo parecido a lo que hoy día llamamos una asamblea, propiciando que la potestad no recaiga en una sola persona sino en varias, con lo cual se espera, a su vez, que las decisiones sean producto de una discusión (aunque a veces sólo hay discusiones, sin decisión).

Ahora bien, una de las primeras instituciones más o menos democráticas, de las que se tiene noticia, es la ecclesía, constituida en la antigua Grecia hacia el año 600 A.C. Esta era la principal asamblea de la democracia ateniense, tenía un carácter más o menos popular, ya que era abierta a todos los ciudadanos varones con 2 años de servicio militar; se aclara que la palabra ciudadanos no tenía, para los griegos, el mismo sentido que tiene para nosotros; ya que no todos los habitantes de las ciudades lo eran. Luego, en la ecclesía eran elegidos por votación los magistrados, quienes a vez designaban a los miembros del Areópago, que sería lo que es hoy día nuestro tribunal supremo.

Pero todavía tendrían que pasar muchos años, cientos, miles, para que comenzaran a establecerse instituciones democráticas propiamente, en el sentido más amplio del término: del senado y los triunviratos romanos, pasando por las asambleas de hombres libres de los pueblos llamados bárbaros y el consejo del Parlamento que gobernó en Inglaterra después de la muerte de Enrique V, hasta  los tribunales del pueblo durante la revolución francesa, se vivieron épocas en las que se sucedían y alternaban (aún hoy ocurre) períodos autocráticos con períodos en los que se intenta consolidar formas de gobierno en las que los ciudadanos, las mayorías, puedan ser de verdad quienes toman las decisiones, y no unos pocos que dicen actuar en nombre del pueblo (pero sólo nombran al pueblo para llamar a elecciones o cuando quieren engañarnos, como ustedes seguramente estarán pensando).

Así llegamos a nuestro tiempo, cuando nuevamente encontramos instituciones democráticas que, lejos de ser defensoras del pueblo, son defensoras del déspota. Esto parece que está eternamente condenado a repetirse; y yo me pregunto, pensando en esos nidos de ratas en los que parece refugiarse lo peor de la humanidad, si vivimos tantos siglos sin ellos, y si no sirven para lo que realmente deben servir, ¿de qué vale tenerlos? ¿Para qué hacen falta? Podríamos estar muy bien sin ellos. Digo, si el país funcionó cientos de años sin consejos electorales, ¿para qué tenerlos? No me dirán que son un avance. Esas instituciones sería mejor desmantelarlas, pieza por pieza, y volver a reinventarlas, como tantas otras.

Recuerdo que una vez, cuando yo aún cursaba mi carrera, un decano de la facultad fue golpeado por un grupo de estudiantes, quienes en asamblea lo conminaban a tomar una decisión; pero sólo recibieron de dicho funcionario burlas y remedos. El triste personaje estuvo un día en el hospital y más de un mes sin volver a su puesto. Y mientras tanto seguía funcionando todo en la facultad: eran las secretarias las que hacían el trabajo; ese señor lo único que sabía era firmar. Dicho episodio siempre viene a mi mente cada vez que me dicen que tenemos que esperar la decisión de unos inútiles para ejercer un derecho que históricamente nos hemos ganado: elegir.

Y es que si me dicen cuándo debo elegir, de qué modo, entonces siento que no es ninguna elección, es imposición. La tarea de arbitrar, como en el fútbol, no quiere decir jugar (ni con la pelota ni con el ánimo de los electores). Por tanto, considerando todas esas desviaciones, casi diría yo, aberraciones, no hay ni debe haber tal cosa como un poder electoral ejercido por una institución. El poder de elegir está en los ciudadanos. Esta es la única democracia posible. Dicho de otro modo: todas las instituciones son posteriores a las asambleas de ciudadanos; o aún, las instituciones son un producto histórico de las asambleas de ciudadanos. Ellos dependen de nosotros. No al contrario.

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